La
tecnología digital da nueva luz a uno de los fenómenos que es todavía una incógnita
para la ciencia: el misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe. Los resultados de esta
investigación fueron revelados por el ingeniero José Aste Tonsman, del Centro de
Estudios Guadalupanos de México, en el Ateneo pontificio "Regina Apostolorum",
de Roma.
El doctor Aste,
graduado en ingeniería en sistemas ambientales por la Universidad de Cornell, ha
estudiado durante más de veinte años la imagen impresa de la Virgen en el burdo tejido
hecho con fibras de maguey -una especie de cactus- de la tilma del beato Juan Diego, el
indígena que recibió las apariciones que cambiaron decisivamente la historia de México.
Se trata de una tela que no dura más de veinte años, pero la imagen se mantiene intacta
como el primer día desde hace casi cinco siglos, después de haber permanecido más de un
siglo sobre una pared húmeda, entre el humo de miles de velas, y manoseada por
muchedumbres de indios.
En su conferencia,
el doctor Aste insistió en que nos encontramos ante una imagen "que no ha sido
pintada por mano de hombre". Ya en el siglo XVIII varios científicos realizaron
pruebas científicas que mostraban cómo era imposible pintar una imagen así en un tejido
de tal textura. Richard Jun, premio Nobel de Química -recordó el doctor Aste Tonsman-,
hizo análisis químicos en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes
naturales, ni animales, ni mucho menos minerales. Dado que en aquella época no existían
los colorantes sintéticos, la imagen, en este aspecto, es inexplicable.
En 1979 los
estadounidenses Philip Callahan y Jody B. Smith estudiaron la imagen con rayos infrarrojos
y descubrieron con sorpresa que no había huella de pintura y que el tejido no había sido
tratado con ningún tipo de técnica.
Aste se pregunta:
"¿Cómo es posible explicar esta imagen y su consistencia en el tiempo sin colores y
con un tejido que no ha sido tratado? Es más, ¿cómo es posible que, a pesar de que no
haya pintura, los colores mantengan su luminosidad y brillantez?".
El ingeniero
peruano añadió que "Callahan y Smith han mostrado cómo la imagen cambia
ligeramente de color según el ángulo de visión, un fenómeno que se conoce con el
término de iridiscencia, una técnica que no se puede reproducir con manos humanas".
Pero, en
particular, este prestigioso científico investigó el enigma de los ojos. El reflejo
transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe, es la escena en la que Juan Diego
mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes en la estancia, el manto con
la misteriosa imagen el 9 de diciembre de 1531. Comenzó a desarrollar su
estudio en 1979. Aumentó los iris de los ojos de la Virgen hasta alcanzar una escala
2.500 veces superior al tamaño real y, a través de procedimientos matemáticos y
ópticos, logró identificar doce personajes impresos en los ojos de la Virgen.
En los ojos de la
Virgen -revela- se encuentran reflejados los testigos del milagro guadalupano, el momento
en que Juan Diego mostraba el ayate al obispo. Los ojos de la Virgen tienen así el
reflejo que hubiera quedado impreso en los ojos de cualquier persona en esa posición.
Se puede distinguir
un indio sentado, que mira hacia lo alto; el perfil de un hombre anciano, con la barba
blanca y la cabeza con calvicie avanzada, como el retrato de Juan de Zumárraga realizado
por Miguel Cabrera para representar el milagro; un hombre más joven, con toda
probabilidad el intérprete Juan González; un indio de rasgos marcados, con barba y
bigote, que abre su propio manto ante el obispo, sin duda Juan Diego; una mujer de rostro
oscuro, una sierva negra que estaba al servicio del obispo; un hombre de rasgos españoles
que mira pensativo acariciándose la barba con la mano. En definitiva, en los ojos de la
imagen de la Virgen de Guadalupe está impresa una especie de instantánea de lo que
sucedió en el momento en que tuvo lugar el milagro.
En el centro de las
pupilas, además, a escala mucho más reducida, se puede ver otra escena, totalmente
independiente a la primera. Se trata de una familia indígena compuesta por una mujer, un
hombre y algunos niños. En el ojo derecho, aparecen otras personas de pie detrás
de la mujer.
Hasta aquí llega
la ciencia, fue la conclusión de Aste Tönsmann. El cómo se ha realizado algo tan
maravilloso no es posible descifrarlo con métodos científicos. El investigador peruano,
sin embargo, se aventura a ofrecer un por qué: considera que en los ojos de la Virgen hay
un mensaje "escondido" reservado para nuestro tiempo en el que la tecnología es
apta para descubrirlo, y cuando este mensaje es más necesario. "Este puede ser el
caso de la imagen de la familia en el centro del ojo de la Virgen, en una época en que la
familia está bajo un serio ataque en nuestro mundo moderno" . Un mensaje, además,
universal y antirracista, pues varias etnias se encuentran reflejadas.
